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Terrazas de arroz de Ifugao | Banaue y Batad

Más de 2.000 años de historia han contemplado las terrazas de arroz esculpidas por los Ifugaos en las montañas de la Cordillera central de Luzon. Legado milenario de los habitantes indígenas de esta región del norte de Filipinas, donde los locales no conocen el mar y las arenas blancas de las playas paradisíacas son sustituidas por verdes campos de arroz, montañas y valles por donde perderse en busca de otra versión más desconocida de Filipinas. Menos conocida, pero igual de apasionante.

EPOCAS DEL AÑO

Muchas son las versiones que muestran estas montañas y sus terrazas de arroz durante el año. Dependiendo de la época de siembra y recogida del cereal, son varios los colores con los que deleitan a sus visitantes. Y dependiendo también del gusto de cada uno, cada etapa tiene su belleza y su particularidad.

Al principio del año, tras la siembra, las terrazas tienen un aspecto embarrado ya que aún no han crecido las plantas lo suficiente y hasta final de marzo todavía no se aprecia en su mejor aspecto. Aún así, la zona sigue siendo espectacular y los bancales permanecen con su estructura original. 

Vista aérea de las terrazas

A partir de abril, las plantas comienzan a surgir con fuerza y el aspecto es impresionante. Varias tonalidades de verde se entremezclan. Hasta final de mayo, las lluvias son menos frecuentes en esta zona así que es la mejor época del año para visitarlas.

De junio a septiembre, las plantas van alcanzando su tonalidad más verde. Las abundantes lluvias provocan que las terrazas de arroz y sus alrededores se inunden de vida y el verdor es muy intenso. Visualmente son preciosas, pero es la época donde las lluvias son más intensas y frecuentes. Hay que tenerlo en cuenta a la hora de visitarlas.

Entre octubre y noviembre, conforme se acerca la época de la recogida, las plantas toman un color dorado muy característico. Muchos consideran que esta es la mejor época aunque las lluvias siguen siendo intensas, el paisaje es realmente una maravilla de la naturaleza. Tras la recogida, de nuevo se reinicia el ciclo y a partir de diciembre, vuelve a perder ese brillo del resto del año. Aún así, puede ser una visita interesante, solo por el entorno privilegiado de estas montañas.

Bancales en el mes de mayo

En los últimos años, la época de siembra y recogida está variando puntualmente debido al cambio climático y a que en algunas zonas existen dos épocas de siembra y recolecta en vez de una. Así que, la mejor opción antes de visitar Ifugao y sus terrazas de arroz es comprobar con Destino Filipinas si durante vuestro viaje, las condiciones para visitar esta zona son las idóneas.

El trayecto hasta Ifugao

Hasta llegar al norte de la isla de Luzón, hay que admitir que el trayecto no es de los más placenteros. Para llegar a Banaue desde Manila, es necesario coger un autobús nocturno que tiene una duración de unas 9 horas. Aunque las condiciones del tráfico y del clima pueden hacer que sean necesarias algunas horas más para llegar a la Cordillera central. 

Desde que sale el sol por la mañana y aún con los ojos un poco pegados, comenzamos a disfrutar de las maravillosas vistas de esta región montañosa. Cuando uno se imagina un viaje a Filipinas, a todos nos vienen a la mente maravillosas playas, palmeras y calor tropical, pero en Ifugao, la altura provoca que el clima sea diferente. Las temperaturas son más suaves y el paisaje selvático tropical se mezcla con pinos y árboles más típicos de la alta montaña.

Mezcla de paisajes en los alrededores de Pula

Nada más llegar a Banaue, gran cantidad de guías de la zona nos recibieron ofreciéndonos ser nuestros cicerones para nuestro trekking por las terrazas. Hay varias opciones dependiendo de las preferencias y presupuestos, ya sea alternativas privadas organizadas desde hoteles de la zona o mediante la oficina municipal de turismo de Banaue. El precio de los guías suele ser fijo, independientemente del número de viajeros que conforme el grupo, así que cuantos más seamos, más barata resultará la actividad.

Tras el duro viaje y debido a que no teníamos limitación de tiempo, decidimos tomarnos un día de ¨descanso¨ para darnos un paseo por la ciudad y descubrir con más profundidad las distintas opciones para visitar la zona. Según el número de días que dispongas y tu condición física se puede hacer senderismo durante 1, 2 o 3 días. Utilizando más medios de transporte para llegar a las terrazas o atravesando la montaña más salvaje a pie, según tus preferencias.

Nosotros elegimos la opción intermedia de llegar a Batad recorriendo la zona norte de Banaue a pie, pasando una noche en el pequeño poblado de Cambulo y atravesando los idílicos paisajes de Pula. El camino tiene tramos muy exigentes físicamente, pero con tiempo y ganas la experiencia es muy enriquecedora y las imágenes que encontramos en la travesía son realmente impactantes.

Solo unos minutos en tricycle separan el pueblo del Banaue Viewpoint. Desde aquí, observaremos las primeras terrazas imponentes sobre las montañas que rodean Banaue. Solo es la primera toma de contacto con lo que nos espera en el resto del viaje. Unas señoras encantadoras nos recibieron y explicaron algunas historias sobre la artesanía local que podemos comprar en la tienda. 

Gorro tradicional de los Ifugaos

Tras un trayecto de unos kilómetros más en triciclo, comenzamos nuestra andadura hasta Pula. El primer tramo es muy particular debido a la gran variedad de árboles, plantas y hierbas locales que íbamos encontrando por el camino. La vegetación es muy frondosa y los caminos estrechos aunque bastante accesibles. 

Cada varios kilómetros, una pequeña caseta nos ofrecía una agradable sombra donde descansar tomar un refrigerio y continuar nuestro sendero. La ruta siempre es ascendente y tras un par de horas llegamos al punto más alto del recorrido. Las vistas panorámicas atisbaban las primeras terrazas a lo lejos. Por el resto del paisaje era difícil adivinar si estábamos en Filipinas, Irlanda o Asturias.

Comenzamos el descenso hasta Pula. Por la ubicación de las montañas hasta que no estás prácticamente encima, no ves el poblado y sus terrazas. Bordeando la ladera, a cada paso el agua está más presente y brota de cada grieta en la roca para surtir a los arrozales de su combustible más esencial. Y por fin, la última parada antes de llegar a Pula. Desde lo alto de la colina, se observa el primer poblado y los impresionantes bancales repletos de plantas que brotan del terreno inundado. 

Vista aérea de las terrazas de Pula.

Solo una cuantas casas de agricultores conforman este pequeño poblado que nos traslada a otra época, a otro mundo muy distinto al que conocemos en occidente. Alejados de todo desarrollo urbano, las familias dedican el día completo a sus labores agrícolas. Cada día, mantienen los arrozales a punto para que estén listos para la recogida y así, tener sustento para el resto del año. Aquí todo va lento y pausado, solo unos cuantos senderistas rompen levemente esa calma total que transmite el lugar desde la lejanía.

A partir de este punto, el sendero se vuelve aún más estrecho y complicado. Tendremos que caminar entre las rocas que separan una terraza de la otra. Las pequeñas veredas al borde de la montaña, normalmente se embarran por las lluvias frecuentes en la Cordillera central. Aunque el camino es exigente, la recompensa que ofrecen las vistas nos resarcirán del esfuerzo realizado. El contacto y la conexión con la naturaleza, mientras recorremos los arrozales, es indescriptible. 

Caminos de acceso a Batad

El último tramo, ya con las energías justas nos lleva a hasta Cambulo, otro pequeño poblado dedicado al cultivo que cuenta con no más de 20 casas y donde pudimos descansar durante toda la noche en un humilde, pero acogedor hospedaje familiar. La familia que nos acogió era muy entrañable y los niños del pueblo se esmeran en preparar una coreografía con bailes tribales para amenizar una noche sin luz, ni internet, pero con un ambiente muy familiar que te hace sentir en casa.

Tras un buen desayuno, emprendimos nuestra marcha hasta Batad. Esta parte es la más dura del recorrido. Ya que, de nuevo, hay que subir escaleras y caminos entre las terrazas que parecen no tener fin. Al alcanzar la cima de la colina, todo el cansancio y sudor acumulado se compensa con las insuperables vistas de Batad. Un enorme anfiteatro se presenta ante nuestros ojos, rodeado de montañas y plantaciones que te dejarán atónito. Una imagen difícil de borrar de nuestras retinas para siempre.

Anfiteatro originado por los arrozales de Batad

Una buena cantidad de agua fresca nos permite continuar nuestra travesía a lo largo de las terrazas y llevarnos a la última etapa de nuestra aventura. Las Tappiya Falls son un enclave perfecto para poner una refrescante guinda a nuestra andadura. Desde el punto más alto de Batad, hasta la cascada necesitamos algo más de una hora. Las escaleras son irregulares y empinadas, y su construcción es bastante artesanal. 

Todo esfuerzo vale la pena para presenciar los más de setenta metros de cascada. Un potente torrente de agua se precipita por las Tappiya Falls formando un lago de agua fresca que se extiende hasta formar una corriente de agua río abajo. Estacionamiento perfecto para tomar el almuerzo, recuperar fuerzas y llegar al Batad Saddle con destino de vuelta a Banaue. Dos días intensos, repletos de imágenes espectaculares que muestran una vez más la diversidad que podemos encontrar en Filipinas y su belleza infinita.

Si tienes tiempo para incluir las terrazas en tu viaje, no dudes en solicitar a Destino Filipinas que lo incluya en tu ruta personalizada!

Tappiya Falls
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